Cuando era (más) pequeña, nunca me gustó esa pregunta. Era algo que no era capaz de entender y que de hecho, aún hoy, me cuesta. En cuanto me la formulaban, automáticamente mi mente sobresaltada pensaba: “¿Cómo? ¿ya? ¿tan pronto? ¡Pero si todavía no sé lo que quiero ser ahora!” E inmediatamente después, llegaba a una terrible conclusión-duda: o bien la vida corre demasiado, o yo soy una especie de tortuguita alelada que no entiende muy bien al mundo que la rodea. O las dos. En cualquier caso, vamos a destiempo. Siempre me he sentido como andando a trompicones, como si la existencia me empujara cual viandante molesto e impaciente por mi lentitud, y al que le impido el paso para seguir su infatigable ritmo. Yo, entre zancada y zancada, solo consigo mirar hacia atrás a mi perseguidor con una cara que oscila entre la memez y el susto y, cuando creo haber podido despistarle y llegar a coger una cómoda velocidad de crucero, -mierda- allá viene otro viandante cabreado empujando sin piedad.
Así que, como tú bien dices Sariña: ¡Y yo qué sé! Supongo que, cuando eres (más) pequeña, tienes que estar atenta a cada detalle de tu personalidad, encajando todos esos rasgos que están formándote hacia un futuro… mmmm… ¿mejor? Por ejemplo, recuerdo que cuando era niña, mi juego preferido era saltar a la comba, odiaba las lentejas, y me daban miedo las alturas. También, que adoraba el perfume de mi madre -el 212 de Carolina Herrera-, y desde entonces los números capicúa me hacen sonreír. Pero claro, ¿qué haces con eso? Todas esas cosas me llevaron acaso a entender que yo quería ser… ¿¿copywriter?? Además, ¿es entonces una profesión lo que eres? ¡Porque yo de mayor quiero ser muchas más cosas!
Hay días en que me gustaría hacer tantas cosas que la vida me parece injustamente corta. Quisiera vivir 14 vidas seguidas y devorarlas, llenarme la boca de cosas por hacer y, aún así, creo que me seguirían quedando ganas. Otras veces pienso que la vida es muy pesada, y yo solo quiero bailar, beber, moverme, correr, desintegrarme, desaparecer…
No sé, quizá lo único que pueda tener claro es lo que desde luego, no quiero ser. Por ejemplo, no quisiera ser tan estricta conmigo misma o, por lo menos, tener más capacidad de auto-perdón. Que dejara de asustarme la perfección aparente, y la gente que no sabe ver más allá. No quisiera ponerme triste al ver que la vida está mal hecha, y que la diferencias entre seres humanos, nos hace más seres y menos humanos. Tampoco querría ser tan tímida (o no poder evitar creer que lo soy) ni tener tan poca fuerza de voluntad (o no poder evitar creer que no la tengo), pero sobre todo, querría ser feliz con o sin ello.
Y si no, como ya he dicho, siempre me quedaran los números capicúa. J Y a ti, Anaís, ¿qué te hace sonreír?
Yo cuando sea mayor, quiero no ser demasiado mayor! Mientras tanto, desearé ser un poco más mayor mientras te tiro de la oreja
ResponderEliminarLau, eres muy muy chu chu chuli!
ResponderEliminarLau, me encanta la sinceridad con la que escribes... Se te ve entre las letras!!!Me emocionaste (o me has emocionado, como se prefiera!)
ResponderEliminar