miércoles, 29 de julio de 2009

¿Por qué las marcas no se arriesgan a emplear longcopys como estilo publicitario propio, como hace The Economist con los titulares?

¿A qué huelen las nubes? ¿Por qué nadie ha inventado las luces que se apagan cuando detectan que se te han cerrado los ojos? ¿Qué pensará el señor que vive en frente de mi casa de que aún no tenga cortinas?

La verdad, me encantaría saber tantas cosas que aún no sé. Podría divagar sobre cualquiera de las 3 cuestiones, y quizá decir un par de frases emperifolladas que parezca que quieren decir algo, pero que en realidad dejen claro lo tremendamente ignorante que soy. Hay gente que te responde a cualquier pregunta, que tiene el don del yomeloinvento, pero yo no deseo ese don. Así que voy a tomarme la pregunta como creo que debo hacerlo: la sumaré a la lista de cosas que aún no sé pero que espero saber algún día, justo detrás del asesinato de Kennedy y la, ahora tan curiosa, muerte de Michael Jackson (me parecía mal que hubiera un solo texto circulando por la red que no hiciera una pequeña referencia a este hombre).

Preguntas sin respuesta. Me parece un tema interesante, ¿verdad? Mi madre se haría fan del primer grupo de facebook que tuviera esto como lema. ¡Cuántas veces habré oído la más famosa de todas!: ¿pero hija, estás tonta?

Lógicamente, la ciencia podría haberle callado la boca en ese momento en que mi madre y todas las madres del mundo, aprovechaban tu descuido con el pico de una mesa o un resbalón por el parquet, para sumar la odiada frase a la ya complicada convivencia de hormonas adolescentes y madres. Puede que desde mis 17 sienta un rechazo no superado a las dudas que desconozco, puede que mi madre me avisara demasiadas veces sobre no meterme en grandes charcos y dedicarme sólo a los que dominara.

Y ahora yo quiero lanzar otra pregunta para la que espero tengáis respuesta. Querido Víctor, ¿has visto ya el palíndromo, la frase capicúa, que hay en mi texto? Yo “no deseo ese don”. Y tú, ¿qué dones no quieres tener?

Hasta la próxima,

Eva.

martes, 28 de julio de 2009

¿Por qué la gente no lee longcopys?

Me preguntan que por qué la gente no lee longcopys. La primera respuesta es evidente: porque la gente no lee. Lo que me lleva a una pregunta igual de evidente: ¿Por qué la gente no lee? 


Aquí la respuesta se hace ya más complicada. La gente no lee porque es una vaga. Uy, pues no era tan compleja. La gente no lee porque no tiene paciencia, la madre de la ciencia que decía mi abuelo, y tal vez por la falta de ella estemos viviendo una generación de analfabetismo autoimpuesto e incluso vanagloriado, una generación en la que niños de instituto a punto de comenzar una carrera universitaria desconocen el significado de vocablos como simposio o capicúa. Ay qué dolor.


Pero volvamos a lo que nos ocupa. No se lee porque se ha perdido el interés por disfrutar del paso del tiempo, el placer de recorrer el camino y esperar la recompensa, de aquello que requiere días de esfuerzo conseguir. Lo quiero ahora, lo quiero ya. ¿Y si leo 200 páginas y al final no me gusta?¡Habré perdido mi tiempo! Mejor me lo cuentas con una peli, y si no me gusta sólo habré perdido 2 horas y 6€.


Y esto me lleva de nuevo a los longcopys: la gente no lee longcopys porque no hay garantías de que lo que lea me vaya a interesar. Ejemplo de garantía: 


- Autor. Invierto mi tiempo en leer una novela de Chuck Palahniuk porque le conozco y tengo ciertas garantías de que pueda gustarme.


La publicidad no tiene autor. No sabes quién escribe, y por lo tanto no sabes si te gustará o no. 


- Marca. Me paro a leer los titulares de The Economist porque tengo garantías de que puedan gustarme.


No hay marcas que hagan sólo publicidad de longcopys, ergo no hay ninguna marca asociada a ellos que se aporte a sí misma como garantía.


Y como última observación: leer publicidad no aporta valor cultural. Me puedo arriesgar a leer lo último de Ken Follett aunque no me guste su estilo porque al menos podré decir "Ey, he leído lo último de Ken Follett y es una mierda". Pero nadie puede presumir de haber leído la gráfica de Granini, por muy largo que sea el texto. Hasta para eso somos una generación superficial. Lo suficientemente superficial para querer un iphone o ningún teléfono, pero lo suficientemente hipócrita para mantener un desinterés previo por su publicidad. Y esto tampoco nos favorece.


Próxima pregunta dirigida a Eva: 


¿Por qué las marcas no se arriesgan a emplear longcopys como estilo publicitario propio, como hace The Economist con los titulares?

...Y los copys acabaron de resaca.

Por favor, que alguien me traiga una mantita y la tercera temporada de Verano Azul. Me siento solo y con resecor!!!!!! Por dios!!!!