sábado, 19 de septiembre de 2009
martes, 8 de septiembre de 2009
La Vida en Punxsutawney
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Una Vida Mas Hippe Por favor
La única guerra que se debe luchar es la guerra en contra de la injusticia, pero como la vida no es justa, entonces estamos luchando toda la vida. Hay personas que nacen con todo, pero la mayoría de nosotros tenemos que luchar constantemente. En mi caso, nací en un barrio pobre y soy el primero de mi familia que termino la universidad. Las estadísticas me dirían que soy una excepción porque casi todos en mi barrio se conforman con las cartas que les dio la vida. No pienso que debemos conformarnos solo porque el porcentaje de cambiar esa situación no es favorable. Aceptar las injusticias de la vida es la peor injusticia que pudiéramos hacernos. Yo siempre luchare contra quedarme donde las costumbres señalen que me tengo que quedar.
Irónicamente mis edificios se llaman La Esperanza aunque muy pocos que viven ahí la tienen. Yo si la tengo. Desde los quince años trabajo, me pago mis cuentas, y no dependo de nadie. Ahora me falta muy poco para alcanzar mi meta de ser copy y esa es mi guerra. Después vendrán las guerras de las ideas, del insomnio y de las opiniones. Para esa guerra ya tengo mi uniforme.
En contexto literal, te digo también lo que pienso, porque me parece una pregunta muy adecuada porque vivo en un país que esta en guerra. Hay veces que las guerras hacen falta. En la segunda guerra mundial, los horrores de Hitler se tenían que parar de alguna manera. La guerra de estos momentos no creo que merece lucharse. Para los gustos se hicieron los colores. Los Estados Unidos no pueden entran en otro país y machacarle nuestra ideología por la cabeza. Hay que dejar que las personas sean diferentes. Cuando fui a Toledo, había una exhibición de tortura y la justificación por usar esos métodos era solo porque habían personas que no creían en lo que ellos creían. Solo porque alguien no piense en lo mismo que tu, no es razón de meterle un clavo por el ojo.
¿Y ti Javi, que es lo que mas te tortura a ti?
martes, 1 de septiembre de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
La comida hace al hombre
martes, 25 de agosto de 2009
Darwinismo culinario

Cuando nací pesaba 1,2 kg. Como prueba de ello existe una preciosa foto en la que la comadrona me sostiene sobre la palma de su mano. Mi madre no ha superado que mi primer hogar haya sido una incubadora, se culpabiliza pensando que el catering servido en el cordón umbilical que nos unía no era de mi agrado. Durante mis primeros 15 años de vida las guerras culinarias fueron el pan de cada día en mi hogar y escuela. Por aquel entonces, las tardes se convirtieron en una franja horaria fantasma; en mi casa porque la comida reenganchaba sin excepción con la cena, y en el colegio porque para cuando la monja se había rendido o yo había conseguido guardar los alimentos, sólidos o líquidos, en el bolsillo de mi mandilón, sonaba la campana previa a las soporíferas clases de la monja capicúa Sor Ana.
No es que a los 16 firmase la paz gastronómica con mis progenitores, sino que ellos encontraron otra batalla mucho más peligrosa; el escuadrón conformado por la edad del pavo, el género masculino y las discotecas. Pero, a pesar de que el frente ahora estaba dividido, mi problema alimentario seguía amenazando la tranquilidad de mis padres. Un claro ejemplo es la capacidad inventiva que desarrollaron para crear historias relacionadas con las consecuencias funestas que provocaba no comer de todo; me engañaron vilmente haciéndome creer que si sólo comía huevos los ojos se me pondrían amarillos, que si no comía tomates nunca me crecerían los pechos, que si no bebía leche se me caerían los dientes y el pelo… Mis papás nunca han sido conscientes de que fomentaron que mis amigos me mirasen como a un bicho fosilizado dentro de una piruleta.
Los granos de mi cara desaparecieron, mis padres comenzaron a entender las discotecas como lugares en los que también se puede bailar y su única hija comía casi de todo. Pero yo sabía que algo interrumpía su sueño, sus dagas clavadas se llamaban carne y leche, no habían conseguido que comiese estos dos alimentos, razón que les hacía cuestionarse su capacidad de mando en el estamento de padres. Un día, sin previo aviso, la guerra llegó a su fin. La bandera blanca la puso la jubilación de mi viejo médico y la llegada de su joven suplente, pues dicho internista descubrió mi intolerancia a la carne y a la lactosa. Desde entonces el ego de mis progenitores descansa infinitamente mejor.
Respondiendo a tu pregunta vic, creo que biológica y científicamente la comida hace al hombre; pues lo cierto es que nuestro alma, corazón y mente no son más que hidratos de carbono, grasas más o menos saturadas, proteínas… Creo que el señor Roca puede dar fe de lo que aquí y ahora estoy contando. Pero, por otra parte, la puramente humana, creo que la comida como arma de supervivencia nos hace fuertes. En mi caso me ha llevado a luchar en contenciosos contra los grandes colosos del imperio alimentario mundial: mi abuela y mi madre; Burguer king, Mcdonalds y Kentucky Fried Chicken; Pacual, Danone y García Vaquero… La lista se extiende tantos metros como productos cárnicos y lácteos existen en este mundo. Tranquilos, a pesar de que ellos tienen más y mejores abogados que yo, creo que soy fuerte en mi especie; ergo sobreviviré.
Y tú, Gabriel, ¿qué guerras crees que merecen ser luchadas?
viernes, 21 de agosto de 2009
Los estereotipos son caricaturas dibujadas por un niño, pero para adultos.
Es muy cómodo y al mismo tiempo fácil quedarte con una idea; poner etiquetas a sentimientos, personas, países.
Los estereotipos son como las cabezas que te molestan ver la pantalla completa en el cine. Son ideas que se quedan en la vista y no en la observación de la realidad. Son las etiquetas blancas de detergentes que te aseguran el ahorro de tu dinero, pero no la limpieza de tu camisa.
Nunca acepté estas ideas pensadas para mi pero sin mi. Etiquetas anónimas sobre el amor, la felicidad, Grecia. ¿Por qué tengo que esconder sentimientos tras una palabra que otros han creado, para situarme entre los enamorados? Las etiquetas dividen a la gente en grupos y agrandan la pobreza léxica. Es como si decimos que Miami es la ciudad de Mitch Buchannon y de rubias en "rollers". Como si España fuera el país de latin lovers y de toros.
Nos conformamos con imagenes pixeladas y carteles de color fluorescente con letras sin sentido: Doner Kebab ATENA. Para los griegos no hay peor malinterpretación y contradicción que un bar de kebabs con este nombre. Y no es cuestión de orgullo, ni de hablar de las relaciones entre Grecia y Turkia. De hecho, hay mucha cultura común entre estos dos países y me parece absolutamente normal, debido a las fronteras cercanas y la historia sufrida por los dos, que tengan puntos similares en el nivel de música o de gastronomía. Pero el caso del kebab es distinto.
De hecho, está ligado con un otro estereotipo, que acepto solo por hechos históricos, que sería la Grecia de Platon y la Odisea. Para ser sincera ni yo lo sabía y me sentí avergonzada de tener que buscar las raíces de mi comida favorita en wikipedia. Pero al parecer, hay más gente que se hizo la misma pregunta que Rafa.
Para empezar, el kebab es el nombre que los Turcos dan a su bocadillo. En Grecia tenemos el "suvlaki", palabra que llena con sus letras las bocas griegas, pero que en cualquier otro idioma parecería el titulo de un viral chino. La primera vez que apareció esta palabra fue en la obra "Cena de sofistas" del filosofo Ateneo en 170 a.C. Según el, era Igisipos, personaje destacado por escribir sobre la historia de la iglesia Jerusalén, que en su libro de recetas "Opsartitiko" menciona lo que ahora se llama suvlaki como "kandavlos", comida que consistía en carne asada, pita, queso y eneldo, en un caldo (no os preocupéis que no tengo más las palabras raras).
La idea de enrollar carne con vegetales y diferentes especies no es innovación griega. Sin embargo, se encuentra en cocinas de varios países, desde Japón hasta España y Francia. Lo que hace el "suvlaki" distinto no es la carne, ya que los cerdos buenos se encuentran en todas partes. Es la salsa "tzatziki", una mezcla de yogur griego -nada que ver con Danone y "Hronia ke Hronia"-, ajo, pepino rascado y eneldo, que con los trozos de tomate, la cebolla y porsupuesto la carne -que no es de cordero como en el kebab-, y la pita bien frita, hacen el "suvlaki" el mejor y más nutritivo fast food griego.
¿Promocionar el kebab como griego? Supongo que algo sabrán esos pequeños empresarios de Pakistan, Kurdistan y Turquia debido del éxito que eso tiene. Un marketing culinario a base de estereotipos sociales, esto es lo que provoque estas malinterpretaciones. Aunque al fondo sé que estas no harán que la gente siguiera visitar Grecia más que nada por su historia y no su comida. Igual por Turquía, porque al fin y acabo querido Rafa, "a buen hambre no hay pan malo".
Y tu Iris, crees que la comida hace las personas o las personas la comida?