martes, 4 de agosto de 2009

¿Qué tengo que decir acerca de bozales para seres humanos?

Pues mira, me alegra que me hagas esta pregunta.

Hace 232 días, 12 horas y 32 minutos me encontraba en una de las 686 salas de espera del hospital Sörös. En concreto, la que corresponde a mi médico de cabecera, el doctor Otto Llull. Yo era la paciente número 010 y llevaba exactamente 180,081 segundos esperando a que la paciente número 09, Sara Baras, saliera de la consulta. Me preguntaba si aquél nombre pertenecería a la aclamada bailarina de flamenco y no podía dejar de imaginarla taconeando sobre la camilla acolchada (por eso no se oía nada) y contoneando la bata azul. De pronto, la impaciencia se apoderó de mi garganta y sentí unas irrefrenables ganas de comunicar a voz en grito lo que se me estaba pasando por la cabeza. He aquí el problema que me había traído al médico: en el último mes había sufrido más de 101 episodios de este tipo y no había sido capaz de controlarme en ninguno. Esta vez, por suerte, Sara Baras hizo su aparición y resultó ser una ancianita de bastón en mano y mano en riñón. A punto estuve de exclamar “¡Menudo chasco!”, pero me metí corriendo en la habitación mientras me mordía –literalmente- la lengua.


-“Dígame Teresa, ¿qué es lo que le pasa?”- “Doctor, últimamente siento un violento impulso que me obliga a gritar todo lo que pienso.”- “¿Grita?” – “Sí.” – “¿Chilla?” – “Sí.” – “¿Vocifera?” – “Sí.” (¿Pero qué le pasa a este señor?¡¡Si es todo lo mismo!! Contente.) – “¿Ha sentido ganas de morder?” – “Ummm… Sí.” – “Bien, quítese la ropa y póngase la bata.” – “Mierda, otra vez tengo ganas…”


Después de una exploración médica de todo menos rutinaria (sólo diré que, entre otras muchas cosas, tuve que gruñir, roer un hueso, y recoger una pelotita de goma que el doctor Llull me lanzaba), el diagnóstico fue el siguiente: “Sufre usted TCLH, Trastorno Crónico del Ladrido Humano.” ¿Qué qué me recetó? Un bozal. Ni qué decir tiene que me faltó poco para atacarle, pero recordé haber leído que la normativa vigente obligaba a las razas potencialmente peligrosas a usar bozales para salir a la calle. ¿Y qué raza hay más peligrosa que la humana? Así que agaché la cabeza y me fui a la farmacia. Eso sí, opté por una virtual para no correr el riesgo de ladrar al farmacéutico. Ana, una amable asistente electrónica, me pidió que pasara la receta por el escáner y acto seguido me mostró un amplio catálogo de bozales a través de la pantalla. Regulables (no recomendables en caso de TCLH agudo), de nailon con rejilla (múltiples colores a elegir), de cuero (más comunes entre sadomasoquistas), tipo canastilla (muy perruno), y el famoso modelo Lecter. La idea de adoptar la imagen de Hannibal resultaba atractiva pero finalmente opté por el regulable, simplemente para autoconvencerme de que el problema no era tan grave.

Al día siguiente tenía el bozal en mis manos y el prospecto en la boca. Perdón, al revés. Sintomatología: Agresividad, canibalismo verbal, ingestión de cuerpos extraños (Uff… ¡Podría haber sido peor!), coprofagia (¡Ay madre!). Contraindicaciones: El uso de bozal puede reforzar las conductas de ataque. Pues bien, esto es precisamente lo que me pasó a mí. No recuerdo el número de veces que me lo he puesto, sí que era muy alto y capicúa, pero la experiencia me indica que el bozal es un mero condensador de ira reprimida que explosiona con mucha mayor potencia una vez que te lo quitas. Me he apuntado a un curso de Control Saludable Sobre Uno Mismo (¡qué risa!) y me han garantizado que aprender a decir lo que piensas de otra manera es posible. Todos los bozales a la basura, incluidos los mentales (¿quién no tiene uno?), porque ponerle un bozal al que tiene algo que decir es como ponerle cinturón de castidad a un ninfómano.

Oye Jimmy (nombre obtenido mediante sorteo ante notario), ¿qué opinas tú de los cinturones de castidad masculinos como medida propuesta por la Asociación de Esposas al Borde de un Ataque de Celos?

T.

6 comentarios:

  1. Creo que Berlusconi los prohibió en Italia.

    ResponderEliminar
  2. jajaja, pero ni con esas vamos, ni con esas. Next please, esto empieza a ser divertido! Bien ;-)

    ResponderEliminar
  3. Me presentas al Doctor Otto Llul? quiero hacerle algunas preguntas!
    Yo te puedo presentar a mi psiquiatra!! Compartamos curanderos!!

    ResponderEliminar
  4. He hablado con Otto y me ha dicho que te pases mañana mismo por su consulta. Le he dado algunos detalles sobre tu caso y está impaciente por hacer un diagnóstico psíquico-físico de tan "peculiar persona" (palabras textuales). ¿El número de tu psiquiatra, por favor?

    ResponderEliminar
  5. Muchas gracias por el trámite, ahora todo será más sosegado, me pasaré mañana por su consulta para que corte mis ganas de vomitar palabras.
    Siento no poder darte el número de mi psiquiatra, no tiene teléfono. Pero podrás encontrarle en algunos rincones de madrid sobre cartones y bebiendo vino.

    ResponderEliminar
  6. Los bancos deberían ofrecer hipotecas para la gente que no puede comprar bozales, sus vidas serían más felices que con una casa. Teresa si en serio tienes un médico que los receta, dile que quiero uno...de hecho dile que quiero muchos, que los necesito cual enferma terminal!!!!!!

    ResponderEliminar