martes, 18 de agosto de 2009

La neuva anraqiua



Y después de esto podemos comenzar.

El interés por los refranes es algo propio de abuelos y amantes de Cine de Barrio, pudiéndose dar ambas condiciones en la misma persona y momento. Los abuelos son considerados en nuestro país como auténticos deportistas de élite que reciben una cantidad de dinero al mes por dedicarse a jugar a la petanca. Estos individuos disfrutan en sus ratos libres, es decir, de 8 am. a 12 pm. exceptuando miércoles noche (por bingo) y Nochebuena (por asistencia obligatoria a la misa del gallo), de una capacidad innata para hilar frases ingeniosas pero nunca originales. He aquí los refranes. La diferencia básica entre un refrán y una cita es que, al contrario que las citas, un refrán siempre es de cosecha ajena. Da igual que sea mencionado por un abuelo, por un nieto enajenado a causa de una excesiva influencia octogenaria, o por individuos que simulan ser jubilados de la mina con tal de obtener un abono-transporte gratuito o un menú Big Mac a mitad de precio).

Para convertirnos en unos buenos pronunciadores de refranes hemos de conocer sus diferentes variables: En primer lugar, estos han de incluir alguna referencia a lo natural o lo sobrenatural (pájaros volando, arbolitos, ayuda divina…). Los más entendidos en la materia esperan que próximamente comiencen a aparecer refranes 2.0 que hablen sobre el calentamiento global y la cienciología, pero la metrosexualidad y las cremas antienvejecimiento Lo´real no hacen más que retrasar el momento. Por otro lado, se ha comprobado una relación directa entre el uso de txapela y los conocimientos del refranero nacional (¡me ha salido un dardito sin querer oye!). A tal efecto, influye también el lugar sobre el cual se asiente el individuo: Banco de Madera, banco de piedra o banco improvisado con cubo de pintura de cuando se reformó la cocina en el año 81, siendo este último el que más potencia el uso de refranes.

Por último, aunque no menos importante, también hemos de tener en cuenta los considerables hoyuelos que a menudo decoran el rostro de la persona que lanza dichas frasecillas. Algunos aventuran que esto es producto de una pérdida considerable de piezas dentales (gracias a la cual mi amigo Pedrín, hijo de dentista, acostumbraba a estrenar unas nuevas Nike cada mes).

Nótese que ni un ápice de la información aquí aparecida ha sido tomada de fuentes como Wikipedia o R.A.E. En fin, imaginen que la novia de un servidor entrara un día en mi cuarto sin avisar y me descubriera visitando ese tipo de páginas. Lo creáis o no, aún me queda algo de honor que mantener.

Y ahora supongo que me toca contestar la pregunta en cuestión. Mi relación con los refranes tiene un problema de base. Desde pequeño oía eso de: “A quien madruga dios le ayuda”, y al principio todo marchaba bien. El problema llegó cuando me di cuenta de que al panadero de mi barrio no sólo no le tocaba la lotería, sino que además le dejaba la mujer, su hijo se hacía del Atleti y sanidad le obligaba a vender únicamente pan integral (lo que servía además de reclamo para los abuelos y sus malditos refranes). Mis sospechas se confirmaron cuando leí una noticia que informaba del fallecimiento de un tal Chris Jackson, natural de Oklahoma, al ser impactado por un rayo mientras se cobijaba en la buena sombra de un olmo. Refranes, mentiras, mentiras y más mentiras. ¿Identificarme con alguno de ellos? En fin: “a buen entendedor pocas palabras bastan”.


Pequeña Vic. ¡PEQUEÑAA VIIIC! Allá va: ¿Y a ti no te molesta que lo mejor que se puede encontrar actualmente en Grecia sea algo absolutamente turco?

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. El refrán más espectacular que haya oído nunca:

    "Cerdo que no madruga, no come caca caliente."

    Aún no comprendo si me quiere decir que madrugue o no, pero es que eso de COMER CACA es ma-ta-dor!

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  3. Mejor no madrugar!! Sabio refrán!

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  4. No sé en qué serie o película era, pero el caso es que nunca he olvidado una teoría sobre los refranes: todos pueden tener como final "patada en los cojones". Ejemplos ilustrativos a continuación:

    - A quien madruga, patada en los cojones

    - Más vale pájaro en mano que patada en los cojones

    - A caballo regalao, patada en los cojones

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